martes, 17 de julio de 2018

EL VIADUCTO PAUL DELVAUX




EL VIADUCTO 1963
El viaducto 
Óleo sobre lienzo, 100,3 x 130,8 cm.
 Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid.




Delvaux pinta este cuadro en marzo de 1963, época en la que de nuevo vuelve a interesarse por el tema de las estaciones y los trenes, que ya había tratado mucho antes. Hacia 1920, cuando estaba cursando estudios en la Academia, adquiere la costumbre de trabajar sobre este tema en la estación de Luxemburgo de Bruselas. Más adelante se inspira en la pequeña estación forestal de Boistfort, término municipal de Bruselas en el que reside.







Es imposible evocar el universo de Delvaux sin hacer referencia a los trenes, pues éste es un tema recurrente en toda su obra. En él se nos revela como pintor de la realidad, de una realidad minuciosa. Delvaux no deja ningún detalle al azar y estudia a fondo cada elemento. Manda que le hagan maquetas de trenes y tranvías que ocupan un lugar privilegiado en su estudio, junto a un esqueleto, otro importante elemento de inspiración. De este modo puede copiarlos cuidadosamente e integrarlos en sus cuadros, según le convenga. 







El viaducto es una obra muy interesante, pues reúne en una misma composición, muy densa, todos los elementos que pueblan el mundo del artista: la lámpara colgada que adornaba las casas de su infancia, el ambiente fantástico e insólito de las estaciones al anochecer, el misterioso tren que pasa y cierra el horizonte con sus extrañas humaredas, el espejo que devuelve la imagen de otro mundo, de otra realidad. Y también la ausencia. Todo está paralizado, inanimado, a la espera de un acontecimiento que no acaba de producirse y el cuadro asusta y fascina al mismo tiempo, pues lo habita la poesía. En las casas se ve luz, pero se diría que ningún ser humano vive en ellas. Ninguna vida anima esta composición construida como una escena teatral. Tenemos un primer plano, con la presencia irreal de ese extraño espejo situado en una calle o bajo una marquesina, y el decorado del fondo: un tren que pasa como si flotase en el cielo de la noche. Este universo tan particular está construido de manera sencilla y real, pero los contrastes existentes entre los elementos reales y su ensamblaje es anacrónico; el artista crea lo irreal, el «sueño despierto», la poesía. 

A través de la imagen Delvaux revela el misterio, fuente de poesía y de extrañamiento, pues, aunque todos los elementos del cuadro son realistas, el conjunto de la imagen no lo es. El mundo onírico y el mundo natural se funden uno en otro, engendrando de este modo lo extraordinario. 


En su obra, ya no existen ni el tiempo ni las épocas. Toda lógica queda abolida en beneficio de la expresividad y del significado real de la obra: la evocación poética. Delvaux, el hombre, el artista, es un mundo de sensaciones, de impresiones, de huellas grabadas en lo más profundo del ser. Hunde sus raíces en la infancia, el recuerdo, la memoria. Todo existe, todo tiene nombre, todos lo conocen todo y pueden acercarse a todo, pero Delvaux, como un mago, trastorna el orden establecido, la jerarquía de los géneros, reúne lo que normalmente no va unido, acerca los contrarios, cambia el curso de la historia y se burla del tiempo y del espacio. 


Con los materiales tradicionales, crea lo que se ha dado en llamar «el mundo de Delvaux». Un universo propio que no será imitado, un universo consagrado a una diosa única: la Poesía. Una vez conquistado, este reino será inconmovible, penetrará en todas las obras a partir de 1935 y se seguirá desarrollando hasta las creaciones de los últimos años del artista.


Mercedes Tamara
17-07-2018

Bibliografia : ForoXerbar 

jueves, 12 de julio de 2018

CORRIDA DE TOROS PABLO PICASSO


Corrida de torosÓleo sobre lienzo, 54 x 73 cm.m. Museo Thyssen-Bornemisza, .



El toro, alter ego del artista, aparece en su pintura cargado de simbolismo, aunque siempre dotado de significados ambiguos. Puede convertirse en metáfora de diferentes comportamientos humanos, tanto de la violencia, como del erotismo o del amor y también puede aparecer como un violento asesino o como una pobre víctima. En otras ocasiones Picasso se identifica con Minotauro, el hermano mitológico del toro. Nacido en Creta de los amores de una mujer y un toro, la figura de Minotauro se repite en numerosos dibujos y grabados entre 1933 y 1935, casi siempre enlazado en un abrazo amoroso con una figura femenina que no es otra que Marie-Thérèse, su amante de esos años.


La Corrida de toros perteneciente a la colección permanente del Museo Thyssen-Bornemisza forma parte de una serie de obras de tema taurino que Picasso pintó en el Château de Boisgeloup, entre junio y septiembre de 1934. Este conjunto se centraba en la suerte de varas, el momento de la lidia en el que se enfrentan el toro y el caballo, como encarnación simbólica del combate del hombre y la mujer. En unas versiones, el toro es retenido por el picador mediante su vara; en otras la bravura del toro consigue derribar al caballo e incluso destriparlo.


Por otra parte, la violencia desatada en estas obras no puede dejarse de relacionar con la ira que producen en Picasso los últimos tristes acontecimientos protagonizados por el nazismo que culminará tres años después en el testimonio político de Guernica. Cuando Picasso comenzó a trabajar en los bocetos y dibujos para este gran lienzo se encontraba atravesando una profunda crisis motivada, por un lado, por la imparable ascensión de los fascismos en Europa y, por otro, por su delicada situación personal desde que la joven Marie-Thérèse había entrado secretamente en su vida. Su matrimonio con Olga atravesaba una crisis ya sin solución que le llevaría a su separación definitiva en 1935. Esta inestabilidad emocional llevó a Picasso a recobrar su fascinación por el rito del toro y su obra se llenaría una vez más de tauromaquias, picadores, corridas de toros y minotauros.

Esta recuperación por parte de Picasso de la iconografía taurina provocó que el toro y el toreo empezaran a tener una importancia inusitada en el contexto europeo. Los círculos intelectuales, que habían tachado la «fiesta» de contraria a la idea de modernización, dieron un giro y numerosos artistas del entorno de Picasso —Picabia, Braque, Gris o André Masson— empezaron a interesarse por el mundo de los toros desde el punto de vista de la vanguardia. Los surrealistas publicarían en 1933 su revista Minotaure, cuya portada realizaría Picasso y, más tarde, André Masson presentaría en 1937 en la Galerie Simon algunas obras taurinas que el antropólogo Michel Leiris comparaba con el acto creador: «A través de las corridas de toros, André Masson nos lleva al punto crucial del arte: guerra inexpiable del creador con su obra

Mercedes Tamara
12-07-2018


Fuente: museothyssen.org / Paloma Alarcó / Tomàs Llorens

martes, 10 de julio de 2018

MUJER CON SOMBRERO DE PLUMAS PABLO PICASSO




MUJER CON SOMBRERO DE PLUMAS 1901

Mujer con sombrero y plumas
Óleo sobre lienzo, 46 x38 cm. leyenda







En la época azul, Picasso distorsionó a la figura humana con imaginación para representar el decaimiento moral y físico de sus personajes. Dibujó miembros y dedos alargados y pintó cuerpos huesudos. Este estilo de pintura es similar al estilo de El Greco que Picasso había visto en Madrid y Toledo. Los cuadros siguientes--El guitarrista viejo (1903) y Dos figuras (1904)--muestran este estilo; la mano flaco del limosnero y la mano frágil de la mujer son ejemplos buenos del estilo.


No pertenece estrictamente al periodo azul de Picasso, pero en la obra ya predomina esa tonalidad, un color frío asociado a la Virgen, que viste en la pintura religiosa tradicional de blanco y azul (los colores de la pureza y el cielo).

El uso de este tono tiene claros referentes simbólicos que operan sobre nosotros, seamos o no conscientes; también está asociado, sobre todo en la cultura anglosajona, a la depresión y la melancolía, el cielo, el mar y la noche. A esta última y no al cielo remite el azul picassiano, teniendo en cuenta que asociamos esta, y no el día,  a la tristeza y la desesperanza.

 El color para ese estado de ánimo era irremediablemente el azul, y no era asunto nuevo: así eran La noche estrellada y una de las habitaciones de Van Gogh, azul de fondo había en El grito de Munch, era un tono recurrente en Nonell, Cézanne o Toulouse-Lautrec y Enso rpintaba en Bruselas mundos de pensamiento melancólico. Antes, El Greco había representado con verdes azulados figuras espiritualizadas y consumidas: como el negro, es un tono que estiliza por evocar lo trascendente.
El año en que Picasso pintó a esa dama con sombrero, 1901, corresponde al inicio de su periodo azul, y fue también el año en que murió su amigo Casagemas y él pintó su entierro. 

Mercedes Tamara
10-07-2018



domingo, 8 de julio de 2018

MUJER ECHADA EN UN DIVÁN PABLO PICASSO


MUJER ECHADA EN UN DIVÁN
Mujer echada en un diván
óleo sobre lienzo 81 x 100cm
Museo de Basilea 










Las postreras obras de Picasso parecen analizar en todos sus aspectos el tema amoroso, y lo hacen con una pintura siempre renovada. Ahora, sus lienzos adquieren una nueva sensibilidad crornática y formal. Líneas curvas, espirales y formas ovaladas son puestas en directa contraposición a narices y nucas cortantes y afiladas. Los reflejos nacarados de los miembros inferiores y el rojo vivo y denso del fondo entran sin embargo en conflicto con el azul sucio de algunas zonas, mezclado con un melancólico gris que parece simbolizar el paso del tiempo. En cráneos desproporcionados, deformados, los ojos se pierden uniéndose a narices y bocas duras, rígidas, casi metálicas.




En esta obra, el cuerpo de la mujer parece dividirse en las dos extremidades. Un hipotético beso, muy distinto del apasionado y casi no humano de 1925, aproxima a las dos figuras. La cita de un acto casi incumplido parece además subrayada por la ausencia de corporeidad del personaje de la derecha, que como un fantasma apenas indicado se mimetiza con el fondo, de un gris azulado.


 El trazo con que están hechas las figuras parece volver al grafismo de las obras de la segunda postguerra, Cráneo, erizos de mar y lámpara sobre la mesa (1946) y La cocina (1948). El lienzo fue realizado en Mougins, donde el mar y la luz parece haber influido en muchas de las opciones cromáticas de Picasso. El azul de esta pintura pasa de zonas oscuras a transparencias casi vítreas. El tiempo, el amor y la pintura son los temas que el artista quiso seguir cultivando hasta el final en sus experimentaciones pictóricas. El mismo declaró: "Todo lo que he hecho no es más que el primer paso de un largo camino. Se trata únicamente de un proceso preliminar que deberá desarrollarse mucho más adelante".


Mercedes Tamara
9-07-2018

Bibliografia Picasso: Guía de los Grandes Museos Edit Planeta

lunes, 2 de julio de 2018

GIRELOTS ROSES CIELS EN LAMBEAUX RENÉ MAGRITTE

GIRELOTS ROSES CIELS EN LAMBEAUX 1930

Grelots roses, ciels en lambeaux (Cascabeles rosas, cielos en jirones)
Óleo sobre lienzo, 73 x 100 cm. Museo Reina Sofía.





Uno de los principales elementos que puebla las obras de René Magritte es el cascabel, un icono recurrente en su producción, que evoca de forma misteriosa la infancia del pintor y que posteriormente pasaría a integrar el conjunto de elementos simbólicos de su obra. Grelots roses, ciels en lambeaux (Cascabeles rosas, cielos en jirones), 1930, es una de las pinturas en las que Magritte incluye este símbolo, junto con otro de sus motivos preferidos, las nubes. Como en otras de sus pinturas en las que aparecen también estas «campanas mudas», los cascabeles flotan materialmente en el aire ocupando la mitad del cuadro, desprovistos de su peso, función y escala habituales, lo que les proporciona una apariencia irreal, en la que radica su potencia onírica. A ello contribuye también la técnica utilizada, de precisión casi fotográfica, que parece congelar la imagen en el tiempo y el espacio.



La otra mitad de la escena –la pintura está dividida en dos zonas exactamente iguales– está ocupada por un cielo repleto de esponjosas formaciones de nubes, que contrastan con la majestuosa rotundidad del espacio poblado de esféricos cascabeles. La diferencia cromática –azul encendido para el fondo nuboso y salmón eléctrico para el espacio en que se recortan los cascabeles– contribuye a la sensación general de desconcierto e inquietud que emana del cuadro, como corresponde a las más logradas visiones surrealistas.




Mercedes Tamara
2-07-2018
Bibliografia ForoXerbar 

viernes, 29 de junio de 2018

FEMME AUX BRAS CROISES PABLO PICASSO

FEMME AUX BRAS CROISES 1902
Femme aux Bras Croisés ( Mujer con brazos plegados )
óleo sobre4 lienzo 60 x 80 cm
Donación de Gertrude Stein









La pintura es un buen ejemplo del período azul de Picasso, ambos capturan la combinación de colores y las emociones sombrías encontradas en su trabajo durante este tiempo




Femme aux Bras Croisés ( Mujer con brazos plegados ), es una pintura de Pablo Picasso realizada en 1902 durante su período azul . El tema de la pintura es desconocido, pero ella puede ser un recluso del hospital Saint-Lazare-prisión en París.








A primera vista, esta imagen parece bastante vacía, sin embargo, al profundizar en las características de la pintura es evidente que hay muchas cualidades connotativas y, a su vez, es una de mis pinturas favoritas de Picasso. Pintado durante el "período azul" de Picasso, como es más conocido, la imagen está dominada por tonos de azul que denotan una sensación de tristeza, misterio y evoca intriga. Mediante el uso de un color dominante en el lienzo con poco énfasis en cualquier otro, Picasso es capaz de crear muchas emociones simplemente por el tono de su imagen. 




Mercedes Tamara
29-06-2018

Bibliografia Wikipedia

domingo, 24 de junio de 2018

LA COMIDA FRUGAL PABLO PICASSO

LA COMIDA FRUGAL




La comida frugal
Aguafuerte sobre plancha 46,3 x 37,7 cm
Colección Carmen Thyssen

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La  comida frugal, un aguafuerte ejecutado en septiembre de 1904 sobre una plancha de zinc que había ya utilizado Joan González para grabar un paisaje, previamente borrada, es una de las primeras incursiones de Picasso en la técnica del grabado. Pertenece a La Suite des saltimbanques, una serie de quince aguafuertes y puntas secas realizada entre 1904 y 1905. Por consiguiente, sorprende la maestría técnica con la que Picasso trabaja en un medio que era prácticamente nuevo para él. 

Esta melancólica obra, que marca el final de su época azul, nos muestra posiblemente a dos saltimbanquis que se convertirían en el motivo principal de su periodo rosa desde que los vio actuar en la Esplanade des Invalides en 1904. Al mismo tiempo, el hombre ciego, que nos muestra de perfil en contraste con la imagen frontal de la mujer, nos acerca al tema del retrato de la ceguera que ya había introducido en una de sus pinturas más conmovedoras del periodo azul, Ciego comiendo, realizada en Barcelona en el otoño de 1903. Los cuerpos enflaquecidos y frágiles de la pareja, sus manos exageradamente alargadas y sus rostros angulosos, unidos a un lenguaje de ritmos manieristas, no hacen más que enfatizar su aspecto marginal. Fernande Olivier testimoniaba años más tarde que el grabado personificaba «una intensa expresión de pobreza y alcoholismo». 

 Mercedes Tamara
24-06 .2018

Bibliografia Colección Carmen Thyssen Bornemizsa 

EL VIADUCTO PAUL DELVAUX

EL VIADUCTO 1963 El viaducto   Óleo sobre lienzo, 100,3 x 130,8 cm.   Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en depósito en el Museo ...